Dato climático

Volar y el medio ambiente

Volar es el medio de transporte más perjudicial para el medio ambiente. Por ello, se ha convertido en un tema popular en lo que respecta al cambio climático. La industria es responsable de aproximadamente el 5 % de las emisiones mundiales de GEI. Principalmente porque los vuelos queman combustibles fósiles, pero también porque dejan estelas de vapor de agua. Estas también contribuyen al calentamiento global. En otras palabras, el transporte aéreo es una actividad intensiva en energía y emisiones.

Sin embargo, el uso del transporte aéreo está limitado, en general, a una pequeña parte de la población mundial. A escala global, puede considerarse una actividad elitista, ya que solo el 1 % de los humanos es responsable de más de la mitad de las emisiones de la industria. Otra cifra muestra que cerca del 11 % de la población mundial utilizó el transporte aéreo en 2018. Además, solo el 4 % viajó internacionalmente. Los viajeros eran principalmente personas adineradas de países industrializados.

¿Por qué volar es malo para el medio ambiente?

Como se ha mencionado, volar en avión contribuye al calentamiento global. Para los particulares, volar o no volar puede cambiar significativamente su huella de carbono. Este término describe la cantidad de emisiones que aporta el estilo de vida de una persona. Por ejemplo, un vuelo de Londres a San Francisco emite alrededor de 5,5 toneladas de CO2 por persona. La misma cantidad la libera un coche familiar durante todo un año. Además, 5,5 toneladas de CO2 son más de la mitad de la huella de carbono media de una persona en Reino Unido. Estas cifras muestran que volar empeora los esfuerzos para luchar contra el calentamiento global.

Historia de la aviación

Tradicionalmente, viajar ha sido una actividad que requería tiempo. El transporte por mar, tren o autobús ha sido la norma. Los vuelos comerciales empezaron a aparecer poco a poco hacia la década de 1920. Aunque, por entonces, solo eran accesibles para la parte más rica de la sociedad. El desarrollo creció rápidamente. Por ejemplo, en 1955, viajaba más gente en avión que en tren en Estados Unidos. Además, en 1957 ya era más habitual cruzar el Atlántico en avión que en barco. Sin embargo, la aviación comercial estuvo notablemente limitada a las poblaciones de los países industrializados. Con la globalización, volar por motivos de negocios también se convirtió en lo normal.

Alternativas a volar

Hoy es bien sabido que volar libera emisiones. Algunas empresas y agencias de viajes lo tienen en cuenta, por ejemplo, organizando reuniones en línea en lugar de presenciales. Pero también permitiendo tiempo para viajar en tren. Estos cambios forman parte de las agendas empresariales que apuestan por el desarrollo sostenible.

Además, en Europa hay un objetivo de mejorar el transporte en tren. La red ferroviaria era buena en el continente antes de que el transporte aéreo se impusiera al sector. Después dejó de ser una prioridad y se complicó más. Hoy hay un aumento de los trenes nocturnos y de las líneas directas entre las mayores ciudades de Europa. Este cambio es un avance positivo, ya que los viajes en tren son esenciales para reducir las emisiones del sector del transporte.

Fuentes: Lund University, We Forum, BBC, Air & Space